Crítica de la Revista El Bombín de Lautrec de La Felicidad es el deseo de repetir de Apasionaria

El Bombín de Lautrec

Crítica de la Revista El Bombín de Lautrec de La Felicidad es el deseo de repetir de Apasionaria

Revista El Bombín de Lautrec - 30/11/2018 - Fran Garcón.

"La Felicidad es el deseo de repetir". Función del 23 de noviembre DE 2018. Centro TNT-Atalaya.
Dirección: Elena Bolaños.
Texto: Javier Berger
Interpretación y coreografía: Raquel Madrid.
Proyecciones, vídeos Kinect: Francisco Velasco.
Vídeos: Matthieu Berthelot.
Iluminación: Carmen Mori.
Composición musical, espacio sonoro: Matthieu Berthelot.
Fotografía, diseño gráfico: berth99
Producción: Apasionaria producciones.
Colaboración especial: Gregor Acuña-Pohl y Álvaro García Copado.

Vivimos la felicidad que nos impusieron. Envuelta en papel de regalo. Colorida y mágica. El marido, el perro, la casa adosada y un jardín perfecto con césped artificial. Ese es el punto de partida de un espectáculo que ahonda en la necesidad de preguntarnos quienes somos, qué queremos y qué nos sobra. Mientras el público se acomoda, una mujer yace como anestesiada en el césped verde, impoluto. Desde el impulso que inicia la obra el espectador sube en una montaña rusa de emociones que no se para hasta el final de la obra.
La FELICIDAD es el deseo de repetir, de Javi Berger y dirigido por Elena Bolaños ha recibido diferentes galardones en los últimos días. En primer lugar, el Premio a Mejor Interpretación en la III edición de la CINTA (Cita de Innovadores Teatrales Andaluces) a Raquel Madrid, protagonista de la pieza. La coreógrafa y bailarina demuestra sobre el escenario su gran trabajo a la hora de afrontar este difícil personaje. Por su parte, Berger recibió el Premio Escenarios a mejor autor.

Apasionaria Teatro pone en escena un texto que surge como un experimento, ya que el equipo ha seguido pasos parecidos a los que en su día iniciara Alfonso Zurro con su A solas con Marilyn. Un texto atrevido, a veces cómico, otras tremendamente trágico, a veces confuso y otras tan claro como los sueños de la protagonista. Tal vez como la vida. Se agradecen propuestas que hagan pensar, que confundan, que rellenen de misterio el ambiente, de risa incómoda que parte de la propia tragedia de la vida inventada que nos dejaron por escrito. Unas coordenadas que a veces se cumplen -aunque sea desgarrándote por dentro- y otras, en cambio, se mandan a tomar viento. Raquel Madrid encarna a su exigente personaje con generosidad, en cuerpo y alma. Llena el espacio. A veces a partir de movimientos y a veces basta con sólo una mirada. Con una mirada es capaz de provocar carcajadas. Esto es un tesoro. No se le ven las costuras a la unión entre lo convencional y las nuevas tecnologías, con un uso del audiovisual atractivo y sugerente. Una puesta en escena sencilla pero efectiva, con proyecciones sobre las cajas que cubren el espacio escénico.

Elena Bolaños ha conseguido que el vagón no pare y la montaña rusa emocional provoque, según avanzan los minutos, más y más vértigo. Un miedo a las alturas de la vida, a mirar debajo de la cama por si aparece más de un fantasma. A mirarse en el espejo, a coger el teléfono sin ganas de escuchar las voces de siempre. Miedo a encontrar la luz y salir a flote. Miedo a no salir a flote. Lo desconocido asusta, aunque a veces es indispensable armarse de valor y respirar.